lunes, 4 de febrero de 2013

EL ORIGEN DEL YOGA

Diarios de meditación y vida: aum

Cuando hablamos de Yoga, hacemos referencia a una manifestación cultural que se soporta en una relación maestro-discípulo, constituyendo una filosofía ante la vida como pocas han existido, y cuyo objetivo básico es la evolución y el crecimiento personal.

Es difícil precisar una fecha concreta acerca del origen del yoga. Hay quienes consideran que podría ser anterior a los vedas (los libros de mayor antigüedad de la humanidad), dándole así unos 5.000 0 6.000 años de existencia, aunque, generalmente, la mayoría suele encuadrarlo dentro del contexto de los vedas. en cualquier caso, los primeros indicios de que se disponen datan del año 3.000 A.C, con el hallazgo arqueológico de un sello de barro con la figura de Shiva practicando una asana típica de Yoga.

Hacia el año 1.800 A.C. los arios invaden el territorio hindú e imponen sus costumbres culturales e ideológicas. Es en este momento cuando aparecen los vedas, cuatro textos que constituyen la base del pensamiento hinduista. Estos cuatro libros son el Rig, Yajur, Sama y Atharva, y en ellos se habla del yoga por primera vez, aunque de manera sucinta.

Como prolongación a los Vedas están los Upanishad, que hacen su aparición 700 o 600 años A.C, y que constituyen los últimos vedas que dan soporte a la filosofía  Vedanta. en ellos el Yoga  ya tiene una base sólida y establecen que el ser sólo puede conocerse a través de la unión (yoga). Aunque hay una gran cantidad de Upanishad, sólo se reconocen 108. En ellos se hace referencia a la energía o prana, el concepto de kundalini, meditación, etc. Entre los Upanishad que tratan del yoga, destacamos Tattwa Upanishad, acerca de la vía natural del yoga o Dhyana Bindu Upanishad, acerca de la meditación perfecta.

En el año 400 A.C surge el poema épico Mahabharata, epopeya épica con 100.000 versos repartidos en 18 libros. Se le atribuye a Vyasa y relata las batallas entre dos linajes de los bharatas, conocidos como los kauravas y los pandavas.

Desde el punto de vista espiritual nos interesa el poema místico-épico que se encuentra en el libro VI y que consta de 18 capítulos con 700 versos. Es conocido como el Bhagavad Gita o canto del señor. Este texto plantea la conversación entre Krisna y Arjuna, cuando éste último, en medio de la batalla, comienza a flaquear en su decisión de luchar, y Krisna le expresa las pautas a seguir en base al yoga y sus diferentes ramas, exponiendo en cada capítulo el dharma de las personas, la reencarnación, lo imperecedero, etc. Su finalidad es la liberación del Atman a través del Samadhi.
Krishna and Arjun on the chariot, Mahabharata, 18th-19th century, India
En el Bhagavad Gitase explican las cuatro clases principales del Yoga:
  1. Karma Yoga, o Yoga de la acción desinteresada.
  2. Bahkti Yoga, o Yoga de la devoción.
  3. Jnana Yoga, o Yoga del conocimiento
  4. Raja Yoga, o Yoga de la interiorización.
El primer compendio de las enseñanzas del Yoga en un texto formal pertenece a Patanjali, conocido como Yoga Sutras (entre el 400-100 A.C). Consta de 4 libros y 196 sutras (aforismos) y establece las premisas filosóficas que sustentan el método y su objetivo, así como los poderes que se despiertan durante su práctica, y cual es el estado del alma una vez liberada.

Patanjali define el Yoga como "Yoga Gitta Vritti Nirodha" (Yoga es el control de los procesos de la mente) y utiliza el nombre de Raja Yoga, definiendo su propuesta como Asthanga Yoga (Yoga de los ocho miembros u ocho ramas, que veremos más adelante)

Carlos Moreno.
Instructor de Yoga

lunes, 3 de diciembre de 2012

EL CULTO AL CUERPO, LA DICTADURA DE NUESTROS DÍAS

Terminó el verano, y como en una especie de bucle sin fin que no conoce ni crisis ni depresiones, ahora toca perder los kilitos que supuestamente hemos cogido durante el verano. Y pasarán las navidades y habrá que bajar los polvorones, quemarnos en el gimnasio, retocarnos por aquí y por allí para llegar como nuevos al verano y no ser el objetivo de uno de esos reportajes de hiperrealidad con los que nos martirizan las televisiones y que bien podría titularse “Vamos a entrevistar al gordo que toma el sol en la playa”. Y lo harán con una especie de compasión fingida. “Pobrecito/a, cómo podrá tomar el sol entre tantos cuerpos diez que le rodean”. Pasará otro verano, y vuelta a empezar.

Vivimos en una sociedad en la que constantemente negamos y renunciamos a lo que somos y ansiamos convertirnos en lo que nunca podremos ser. El culto al cuerpo, a la belleza se ha convertido en una obsesión y en la razón de ser para muchos. Interminables horas en el gimnasio de turno destrozándonos huesos y músculos, dietas estúpidas y malsanas seguidas por cantantes, actores y modelos, mal llamados iconos mediáticos, que empujan a millones de hombres y mujeres a seguirlas en un vano intento de conseguir cuerpos esculturales.
La arruga es el enemigo a batir y los kilos de más un desagradable compañero de viaje que nos convertirá en seguros perdedores. La salud no importa, queremos los abdominales de Cristiano Ronaldo, el trasero de Jennifer Lopez o los músculos de Brad Pitt. Queremos tener la elegancia de George Cloney y el cutis de Penélope Cruz. No nos aceptamos tal y como somos. Mas aún, se nos anima día tras día a no aceptarlo. No tienes por qué conformarte. Puedes ser como ellos, es más, debes ser como ellos.
Puede que sea el peaje que tengamos que pagar por vivir en una sociedad a la que nos gusta definir como moderna y avanzada. Sí, vivimos en esa sociedad que nos permite cubrir con creces la mayoría de nuestras necesidades esenciales. La famosa Pirámide de Maslow ha sido superada con creces. Sí, vivimos en esa sociedad de la abundancia preocupándonos de nuestro aspecto cuando a pocos kilómetros la única preocupación de millones de personas es qué llevarse a la boca cada día. En realidad vivimos en una sociedad apática y aburrida de sí misma que ha perdido sus referentes éticos y morales, cayendo estos en manos de unos medios de comunicación erigidos como infalibles creadores de opinión y de una clase intelectual que en la mayoría de los casos ya no es digna de ese nombre.

EL FRACASO VITAL

Dizziness. Iman Malecki (1)
Todos hemos experimentado a lo largo de nuestra vida el éxito y el fracaso. Dos caras de la misma moneda, la vida. Una vida que consiste en un conjunto de pequeñas y grandes decisiones que van configurando nuestra trayectoria vital llenándola de experiencias, ilusiones, desengaños y espereranzas que moldean nuestra personalidad y nuestra manera de afrontar el día a día.

Pero si nos paramos un instante y reflexionamos sobre esos éxitos y fracasos nos daremos cuenta que muchos de ellos, por no decir todos, han dependido siempre de factores externos a nosotros. Han dependido, y lo siguen haciendo, de una sociedad que nos marca, desde que somos niños, un camino a seguir que determinará nuestro futuro y que coarta nuestra libertad para desarrollarnos tal cual somos. Echemos brevemente la vista atrás y preguntémonos con sinceridad si hemos podido elegir nuestros estudios, nuestra profesión o nuestra pareja y cómo esas elecciones han influido en nosotros. Analicemos si nuestras creencias son sinceras, si nuestro modo de vida se ajusta a lo que queremos o, por el contrario, se ajusta sólo a un conjunto de convenciones sociales que todos aceptamos como válidas y en las que ponemos todas nuestras esperanzas a la hora de alcanzar el éxito y la felicidad.

Ahora más que nunca, la crisis que nos afecta pone de manifiesto lo injusto de nuestro sistema de vida, porque ¿cómo no sentirnos como unos fracasados cuando perdemos nuestro trabajo, cuando no podemos pagar la casa que con tanta ilusión compramos? ¿cómo no hacerlo en una sociedad en la que el éxito o la felicidad se miden en función de nuestro status profesional y social? ¿Cómo es posible que nuestro aspecto externo, nuestro coche o nuestra tarjeta de crédito sean las varas de medir que nos situarán entre los ganadores o entre los perdedores? Y lo que es aún peor, la misma sociedad que nos empuja a consumir y a basar todo nuestro bienestar en posesiones materiales nos da de lado cuando no las perdemos o no somos capaces de alcanzarlas, consiguiendo tan solo de ella pequeñas migajas de compasión.

Yo he experimentado lo que he terminado por denominar como "mi fracaso vital". Siempre hay un instante en el que una decisión puede marcarte, para bien o para mal, el resto de tu vida. Hace años me vi inmerso en esa encrucijada y tomé una decisión. Elegí un camino que me abocó al fracaso personal y social. Todo mi mundo se vino abajo entre engaños hacia todos los que confiaban en mí. Ni el apoyo incondicional de familia y amigos han servido durante estos años más que para mortificarme y echarme a las espaldas tanto su sufrimiento como el mío. Y aún hoy no pasa un sólo segundo sin que recuerde todas y cada una de esas acciones que me llevaron a tirar por la borda más de 30 años de lucha y esfuerzos.

Cinco años he tardado en poder escribir estas breves líneas. Cinco años en los que sólo he sido capaz de culparme continuamente y preguntarme qué me llevó a cometer tal locura. ¿Cúantas veces me he preguntado cómo pude estar tan cerca de lo que creía que era el éxito? No he sido aún capaz de contestar estas preguntas pero he dado un paso que considero fundamental. He empezado a perdonarme a mí mismo, a asumir que lo que hice ya no tiene remedio. A reconocer que muchos de los pasos que he dado en esta vida fueron fruto del autoengaño, de no ser capaz de de reconocer mis debilidades. Y en mi caso concreto, echarle la culpa a la sociedad de la que hemos estado hablando sería una solemne tontería. Cierto que las ansias de triunfo y de reconocimiento social me arrojaron al abismo, pero nadie me obligó. Fui yo el que se impuso una serie de metas inalcanzables. Todos esos pasos, ahora no me cabe la menor duda, me llevaron a ese "fracaso vital" . Pero es un camino que ya ha sido recorrido y que es imposible desandar.

No me considero capaz de dar consejos, ni pretendo que esto se convierta en un espacio de autoayuda. Todos y cada uno de nosotros somos únicos y afrontamos los problemas y sus soluciones de mil maneras distintas. Lo que me sirve a mí es muy probable que no os sirva a vosotros. Hoy comienzo un viaje que no sé muy bien donde me llevará pero al que os invito a uniros.

Un saludo a todos y bienvenidos a Diarios de meditación y vida.

Francisco Arellano

(1) reconozco mi debilidad por el artista iraní Iman Malecki. En su web http://imanmaleki.com podréis disfrutar de sus magníficas obras.